El taller de bicicletas que los hermanos Ceirano abren en el patio de la casa familiar distrae al joven Vincenzo Lancia de sus estudios. Allí construyen bicicletas que venden con la marca Welleyes, porque los nombres extranjeros tienen mayor eco en el público.
Censin frecuenta el local de los Ceirano y en poco tiempo se convierte en un experto mecánico, pasando de las bicicletas a los primeros automóviles.
La pasión por los motores es tal que Vincenzo se escapa del internado y consigue que su padre le de permiso, a regañadientes, para trabajar con los Ceirano.
Le contratan como contable (parece ser a instancias del señor Lancia, que lo considera más digno que "mecánico"), pero en lugar de la contabilidad se ocupa de los motores a reparar.